sábado, 12 de agosto de 2017

"La historia de ella y la naranja" pt. 1/7 - /r/NoSleep

[HISTORIA ORIGINAL por /u/inaaace]

PRIMERA PARTE: Soy un hombre adulto y racional que esta llorando de terror en estos instantes.

Bueno, antes que nada he de advertiros. Por desgracia esta historia es total y absolutamente verídica. Es también muy larga. Aunque se remonta a mi niñez, esta no se volvió terrorífica hasta hace muy recientemente. En estos momentos me encuentro perdidamente acojonado. Soy un hombre adulto, racional e inteligente (o al menos eso me gustaría creer) y en estos momentos me hallo sentado en mi cama, cagado de miedo, con escalofríos recorriéndome de arriba a abajo y lágrimas de terror en los ojos. Os pido ayuda para poder encontrar una explicación lógica a esta puta pesadilla que estoy viviendo. Advertencia: como ya habréis podido apreciar, digo alguna que otra palabrota.

Quiero que sepáis que lo que vais a leer a continuación lo he percibido mediante mis cinco sentidos. Me gustaría creer que soy una persona muy escéptica, pero hasta ahora no he sido capaz de explicar estas ocurrencias de una manera lógica o natural.

Puesto que mi madre consiguió un nuevo trabajo, empezó también a hacer nuevos amigos. Es común que en nuestro país los amigos vayan a casa los uno de los otros para tomar una taza de café, un trozo de tarta, chismear y todo ese rollo. Mi madre llevaba unas pocas semanas en ese trabajo cuando conoció a esta mujer, Rose. Ella venía un par de veces a la semana y ambas se sentaban en torno a la mesita de café del balcón a charlar. Un día, cuando yo tenía diecisiete años, me senté en el balcón con ellas. No estoy seguro de por qué estaba allí, pero conociéndome es probable que me hubiese quedado sin horas de Internet (allá por entonces en mi país el Internet se compraba por horas mensuales) y estaba aburrido que te cagas.

Así que allí estábamos, sentados, ellas cotilleando sobre vete tú a saber qué cosa, cuando mi madre se levantó para traer algo de tarta de la que ella misma había preparado. Me quedé sentado a la mesa con Rose, y fue entonces cuando mi vida cambió por completo.

Rose era una mujer guapa. Medía alrededor del un metro setenta, delgada, pelo largo y negro, y brillantes dientes perlados. Atractiva en general. En fin, allí estaba yo sentado junto a ella, y fue en ese momento que se volvió hacia mí. Tenía una sonrisa horripilante en el rostro; radiante pintalabios rojo sobre un fondo de radiantes dientes blancos que solo la hacían más escalofriante. Su cabeza se movía con parsimonia, casi como si se hubiera transformado en una marioneta.

Ella dijo algo en un tono lo más bajo posible, desde luego no lo suficientemente alto como para poder entenderla.

¿Perdona?dije, todavía no asustado pero sí que un pelín extrañado.

¿Estás listo para irte?dijo esto con una voz aniñada, y no es una puta metáfora. Voz de niña como de unos ocho años.

Su sonrisa seguía intacta. Había murmurado las palabras entre dientes, sin abrir la mandíbula en ningún momento.

¿Qué?pregunté, esta vez ya comenzando a asustarme.

¿Estás listo?

De nuevo la misma frase. Solo que esta vez sacó una naranja de su bolso. Así es, simplemente sacó una naranja y la sujetó. No me la ofreció, no se la comió, tan solo sujetó aquella puta cosa como si nada.

Llegados a este punto yo ya estaba acojonado. Gracias a dios mi madre volvió con la tarta en ese momento. Rose retornó a la normalidad, casi como si alguien hubiera pulsado el botón de un mando de control remoto, y puso la naranja de vuelta en su bolso sin que mi madre se percatara. Abandoné el balcón acobardado, pero tenía solo diecisiete años así que más pronto que tarde le resté importancia a aquella anécdota.

Esa noche me costó trabajo dormirme. Mi habitación estaba en la primera planta y mi ventana medía alrededor de un metro de altura. Me quedé fijo observándola, rezando para que no me visitase un monstruo terrorífico. Me daba la vuelta para mirar la ventana constantemente, más o menos en un intervalo de cada cinco minutos. Se hacía tarde y ya estaba comenzando a caer en los brazos de Morfeo cuando decidí comprobar la ventana una última vez. Y allí estaba ella. De pie en la puta ventana. Rose. Observándome, mirando directamente en mi dirección (la luz de la luna era lo suficientemente intensa como para poder apreciarlo). Su pintalabios era más rojo que nunca, y sus dientes más blancos que nunca.

El miedo me paralizó. A menudo imaginaba qué haría en situaciones como esta, y siempre tenía un plan de escape para todas las hipotéticas escenas que se me iban ocurriendo. Pero ahora que esta amiga de mi madre estaba observándome a través de mi propia ventana a las cuatro de la mañana, simplemente sonriendo allí inmóvil, mi boca se quedó seca y sentí escalofríos (los siento ahora mismo mientras os escribo esto). Juro que la habitación se quedó helada, aunque probablemente solo fuera mi cuerpo reaccionando ante el shock.

Finalmente reuní el coraje suficiente para levantarme y comenzar a caminar lentamente en dirección a la puerta. Su mirada me siguió junto con su cabeza. Lentamente, todavía sonriendo. Otra vez lo mismo, como si se tratase de una marioneta. Quise gritar, llamar a mis padres, pero sabiendo lo nerviosos que se ponen decidí no dejarme llevar por el pánico. Debía de haber una explicación lógica, ¿verdad? Quién sabe por qué puñetera razón se me ocurrió caminar hacia la ventana para preguntarle cuál era su puto problema. Tomé dos lentos pasos y me congelé. Me congelé porque ella se movió. ¿Sabéis qué fue lo que hizo? Sacó una naranja de su bolso. ¿Sabéis quién tiene el récord guinness a los escalofríos más largos de la historia? Porque estoy jodidamente seguro de que los míos no van a desaparecer, al menos de momento.

En fin, tras cagarme durante un buen minuto, decidí tirar para delante. Soy un tío grande y supuse que si me atacaba podría derribarla. Tiré de mi ventana y la abrí unos 25 centímetros, no más. Ella no se movió, tan solo sujetó la puta naranja y me miró con la sonrisa más escalofriante que he visto en mi vida. Me quedé ahí parado de pie, al igual que ella. Y entonces ella comenzó a agacharse. Pero cada movimiento que hacía era tan pausado, tan mecánico. Se estaba agachando para así poder abrir más la ventana, y yo me hallaba horrorizado. Metió la cabeza por la ventana (solo la abrió lo suficiente para que le cupiese la cabeza).

¿Vas a venir conmigo ahora?mientras decía esto en su voz de niña de ocho años, su mano se hizo paso por el hueco que había abierto. Sostenía la naranja.

¿Qué hice? Pues lo que habría hecho cualquiera. Huir por patas. Salí corriendo de mi habitación, llamando a mi padre a gritos. Mi padre, quien tiene el sueño ligero, saltó de la cama chillando de vuelta, preguntándome qué coño era lo que pasaba. Todo lo que conseguí farfullar fue un “Rose… ventana”.

Mientras mi padre se ponía los pantalones, yo corrí de vuelta a mi habitación, desesperado por que Rose siguiera allí para que así mi padre pudiera entender que no estaba loco. ¿Sabéis en las pelis de terror, cuando la cosa que has visto ya no está una vez han llegado los testigos? Pues sí, algo similar me pasó a mí, excepto que pillé a Rose largándose. Había otra casa a unos 100 metros de distancia de la nuestra que tenía una de esas luces que se activan con el movimiento (hay un alto índice de criminalidad en mi país). Las luces se encendieron, y yo conseguí ver un breve destello de Rose desapareciendo tras dicha casa. Para cuando mi padre entró en mi dormitorio ella ya había desaparecido.

Tras una larga charla él concluyó que tan solo se trataba de una pesadilla y me advirtió de que solo le llamase si la veía dentro de la habitación.

Tú y tu puta imaginacióndijo antes de marcharse.

No hace falta que os diga que esa noche no dormí nada.

En los meses siguientes no sucedió nada destacable. Rose continuó visitando a mi madre pero yo me aseguraba siempre de no estar presente. Que le den a esa mierda. Y tal y como sucede en la vida de todos los adolescentes, tantas cosas estaban sucediendo a mi alrededor que eventualmente me olvidé del incidente con Rose.

Una tarde estaba navegando por Internet (desafortunadamente esto fue años antes de la aparición de Reddit) cuando me entró hambre. Como todo niño malcriado que se precie, grité desde mi habitación para ver si mi madre acudía. No lo hizo. Mala suerte, supuse, tendría que ir a la cocina y hacerme un bocadillo yo mismo.

La cocina de nuestra casa conectaba con el salón, pero no podías ver el salón a menos que estuvieras en el centro de la cocina. Así que abrí la puerta de la cocina y entré en ella. Me quedé inmóvil al instante. Allí estaba, justo encima de la encimera: una naranja. De inmediato recordé aquella noche escalofriante. Rose está aquí. No me moví ni un centímetro.

Tras unos segundos me percaté de lo estúpido que era por relacionar una común pieza de fruta con una loca acosadora de ventanas. Así que caminé en dirección a la mesa de la cocina, deseoso de poner la naranja de vuelta en el armario de la fruta. Estaba a punto de agarrar la naranja cuando oí una voz tras de mí:

Tienes que venir pronto, ¿sabes?

Una voz de niña. Era Rose.

Hice un ruido similar a como imagino que sonaría un cerdo a punto de entrar en el matadero. Raudo como el rayo me dí la vuelta y allí estaba ella, simplemente parada de pie, en medio del salón. Sin hacer nada, con la misma sonrisa en la cara, el mismo pintalabios, sus dientes más blancos que nunca. Solo que esta vez ladeaba la cabeza un pelín hacia la izquierda, como a cámara lenta. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer: su pelo largo y negro cayéndole por los hombros, con un vestido veraniego blanco y zapatos rojos brillantes a conjunto con los labios. Olvidé mencionar que también estaba muy pálida. Incluso en verano esta mujer parecía no llevarse bien con el sol. Este hecho solo lo hacía más terrorífico.

Allí se hallaba esa mujer que ya me había acojonado en una ocasión, de pie, sola en mitad de mi salón, pálida como un fantasma, con pintalabios y zapatos rojo brillantes, inclinando la cabeza hacia un lado y hablando con una voz de niña que no le pertenecía. Y en ese momento, en ese puto instante, se sacó una naranja del bolso. La sostuvo con parsimonia mientras me miraba, como si quisiese que la tomara. En mi defensa diré que mi modo autodefensa estaba apunto de tomar el control sobre mí y bien hacerme huir o bien derribar a esa puta loca, cuando mi madre entró en la habitación.

Sé que no sucedió en realidad, pero sentí como si mi madre hubiese traído la luz de vuelta a la habitación. Liberé un suspiro de alivio. Rose, por supuesto, volvió a la “normalidad”. Estaban a punto de ir a dar un paseo y mi madre se había estado arreglando en su dormitorio mientras Rose me hacía su numerito de La Maldición.

Puesto que mis padres no creerían nada de lo que tuviera que contarles sobre ella, no estaba seguro de cómo actuar. Supongo que a esa edad no había nada que yo pudiera hacer. Pero me juré a mí mismo que si se me volvía a acercar esa mujer, le pegaría un puñetazo.

Pasó aproximadamente un año sin ningún incidente. Yo me estaba preparando para mudarme a los Estados Unidos para estudiar en la universidad. Puesto que iba allí por una beca de baloncesto, debía entrenar. Pasé el verano lejos de casa, ejercitándome en un campamento de entrenamiento en un pueblecillo a unos 60 kilómetros de distancia de mi ciudad. El último incidente tuvo lugar durante mi última noche en el campamento. Mi compañero de habitación se había marchado del campamento el día anterior y me había dejado toda la habitación para mí solo. Estaba muy emocionado por irme a vivir a Estados Unidos en unos días así que me costó dormirme. Mi habitación tenía un balcón precioso (estaba en la tercera planta de un hotel), y ya que hacía calor decidí sentarme un rato en la silla del balcón. Salí, me senté, y de inmediato me arrepentí.

Ya es hora de que vengas.

Casi me cago encima. Quiero decir, ya hacía algún tiempo de la última vez que había oído esa voz, pero es de esas cosas que se quedan contigo para siempre. Volví la cabeza y Rose estaba allí, a mí derecha, de pie en la valla del balcón de la habitación contigua. Repito: ella no estaba de pie en el balcón, ni sentada sobre la mesa, sino de pie encima de la valla. ¿Qué cómo podía mantener el equilibrio allí arriba? Ni puta idea. El balcón estaba a unos 15 metros de distancia del suelo. Y allí estaba ella, sujetando la naranja. La puta naranja. Solo que esta vez la naranja parecía estar un poco podrida, no tan brillante como las tres primeras veces.

Me asustaba que pudiera saltar a mi balcón puesto que solo había unos pocos metros de distancia entre ambos. También me daba miedo que se cayese intentándolo y de que alguna forma me culpasen a mí por ello. No tenía ni puta idea de lo que estaba pasando.

Ya es la hora, lo sabesdijo con esa voz como de niña, nunca abriendo la mandíbula, con sus dientes apretados y su pintalabios del color de la sangre fresca. Parecía más pálida esta vez y su cabeza estaba aún más inclinada. Vestía zapatos rojos.

¿Qué coño quieres de mí?grité en desesperación, enfadado por todo el estrés que esta mujer me estaba causando, pero también con la esperanza de que alguien me oyese y fuese testigo del nivel de acoso que estaba sufriendo por parte de esta puta loca.

Solo quiero que vayas a dónde pertenecesdijo esto sin abrir los dientes.

Acercó más su mano, ofreciéndome la naranja semi podrida.

Que te follen, zorra chalada.

Abrí la puerta de mi habitación, y conforme entraba oí:

Vendrás.

Dí un portazo y decidí que esa mujer tenía que ser esquizofrénica o algo. Probablemente la hubiera liado más si no fuera porque iba a abandonar el continente en un par de días, irme a donde pensaba que estaría a salvo. Error.

Sé que este es un puto muro de texto enorme, pero esta es la versión más breve que he podido escribir sobre estos aterradores eventos. Vine a Estados Unidos y ya llevo aquí unos siete años. Me olvidé de los incidentes pasados y seguí adelante con mi vida. La única vez que pensé en Rose fue cuando mi madre me contó que, desde que me había ido, su relación con esa puta loca había terminado. Yo me alegré.

Estos últimos siete años han sido los mejores de mi vida. Me saqué el graduado y un máster, conocí a una chica maravillosa; y bueno, la vida me iba bien, tíos. Pero entonces. Pero jodidamente entonces...

Soy un gran friki de la tecnología y me encanta Apple (no me disparéis por ello, por favor). Era el último viernes de Septiembre, día 21: la fecha de lanzamiento del iPhone 5. Me encontraba frente a la tienda junto con otras cincuenta personas. Era tal vez el decimoquinto en la cola. Estaba lloviendo. Hacía frío. Llevaba ya unas cuatro horas allí. Y las puertas por fin se abrieron. Empezamos a movernos con lentitud. De casualidad miré en dirección al otro lado de la calle y de inmediato me detuve. La gente se tropezó contra mi espalda, podía oír las quejas, pero a mí me resbalaron.

Al otro lado de la calle vi a una mujer con un vestido blanco, cabeza inclinada, sujetando algo de color naranja. En su cara había dibujada una sonrisa. Su pintalabios era de un rojo tan brillante que lo pude apreciar a través de la calle. No podía moverme. Alguien me empujó por detrás, haciéndome caer. Me quedé tirado en la acera. Era Rose. Era ella, lo juro.

Me quedé allí sentado unos minutos, tratando de recomponerme para así poder entrar a la tienda. No les quedaban móviles. Decidí caminar de vuelta por la misma calle. Y allí estaba eso. Justo donde ella había estado solo quedaba ya una llena de hongos, terriblemente podrida naranja. Eso es todo. Tan solo una naranja podrida.

Me eché a llorar, y todos los recuerdos volvieron a mí. Pensaba que toda mi vida se convertiría en un estado de acoso constante por parte de una pirada. ¿Cómo me había encontrado? Pasé las siguientes horas sentado en una cafetería de la zona, bebiendo té e intentando buscar una posible explicación lógica. No le guardo secretos sobre mi paradero ni a amigos ni a familiares. ¿Habría espiado mi Facebook? ¿El de mis amigos? ¿Había viajado hasta aquí para hacerme daño? ¿Cuál era su puto problema? Incapaz de responder ninguna de las preguntas que me plagaban, me fui a casa y decidí no contárselo a nadie. Mi novia se percató de que me pasaba algo malo durante los siguientes días, pero no me presionó.

Supuse que había sido todo una alucinación mía, mi mente tomándome el pelo, ya que la noche anterior a esa mañana no había dormido nada. Además estaba lloviendo. ¿Cómo podía haberla visto tan claramente? Y esa naranja había sido tan solo una coincidencia. Me autoconvencí de que me lo había inventado todo.

Hoy me ha llegado una carta. Recibo un montón de correo, así que no es raro. Pero en este sobre no había una dirección de remitente. La abrí y de inmediato entré en shock. Era una foto Polaroid.

En ella estaba retratado yo, formando cola frente a la tienda el viernes anterior. Solo que la foto había sido tomada a mis espaldas, como si la hubiera hecho la persona detrás de mí. Fue capturada en el momento que me encontraba mirando el otro lado de la calle. Era obvio por la expresión de horror en mi rostro. En la cara trasera de la foto una frase escrita con bolígrafo negro rezaba: “ven conmigo, AHORA”.

Tiré la foto al suelo y me puse a llorar como un bebé. Un llanto de los de verdad. Mi novia me encontró en nuestra habitación, acurrucado en la cama y todavía sollozando. Ella se asustó, asumiendo que tal vez alguien habría fallecido, puesto que ella nunca me había visto soltar ni una sola lágrima.

Tuve que contárselo. Empecé a contarle toda la historia, omitiendo la mayoría de detalles para así poder llegar más rápido al meollo de la cuestión. Al tiempo que hablaba ella se ponía más y más pálida. No pronunció ni una sola palabra. Terminé mi historia y ella estaba inmóvil, blanca como un fantasma. Y entonces me hizo una pregunta. Una puta pregunta que sinceramente casi hace que me desmaye. Ella dijo:

¿Esta mujer de la que hablas, es posible que… um, que estuviera sujetando una naranja?

Me quedé estático, y ella comenzó a llorar como nunca la había visto llorar antes.

Mantuvimos una larga charla esa noche, pero su historia requeriría otro muro de texto. Sinceramente, estoy jodidamente cansado de todo estoy y sospecho que nadie habrá sido capaz de llegar a leer hasta aquí. También estoy perdido. Confundido. Pero si alguien me lee, escribiré el resto. Escribiré con la esperanza de que alguien pueda ofrecerme una solución, tal vez incluso una respuesta. En estos momentos ambos estamos cagados y no sabemos qué hacer. La policía es una opción, pero ¿qué les voy a decir? No sé, tío, estoy muy preocupado por mi seguridad y por la de mi novia. Ayudadme.

Actualización: Joder, tíos. No sé que deciros. Ha vuelto a pasar otra vez. Excepto que esta vez no la vi. Permitidme que os haga un rápido repaso de los acontecimientos:

9:00 - Fui a la comisaría de policía local con mi novia. Les contamos todo lo que sabíamos y les enseñamos la Polaroid. Aunque fueron muy amables, nos dijeron que no podían hacer mucho por nosotros aparte de poner una orden de alejamiento contra una persona que probablemente (esas fueron sus palabras) ni siquiera se encontrara en el país en esos momentos. Me dijeron que tal vez la confundí con otra persona, y que la foto posiblemente se trate de una broma. Tomaron fotografías y abrieron un expediente por si acaso la situación escalaba. Lo hizo.

13:00 - Llegamos a la ciudad, al lugar donde la vi. Fuimos a la ubicación y allí no había nada. De todos modos no sé qué demonios me esperaba. Nos quedamos allí un rato.

18:30 - Llegamos a casa. La puerta principal estaba abierta, pero eso no es nada raro puesto que vivimos con otros cinco compañeros de piso. Llegamos a nuestra habitación en la planta de arriba. Nuestro dormitorio estaba abierto. Esto sí que es raro porque siempre nos aseguramos de dejarlo cerrado con llave y nuestro casero es el único que tiene una copia. Pregunté a base de gritos si había alguien en la casa, pero no recibí respuesta. Ninguno de nuestros compañeros se encontraba allí. Entramos. Nos quedamos petrificados. Nuestra habitación es pequeña pero decente, constituida por dos camas de matrimonio colocadas la una junto a la otra y un pequeño vestidor. Eso es todo. ¿Y qué vemos? Las almohadas estaban en el vestidor. Las toallas en la cama. Nuestras sábanas habían sido arrancadas de la cama y yacían estiradas en el suelo. Y en el centro de las mismas reposaba una naranja cortada en dos, con la piel arrancada y colocada al lado. Mi portátil estaba de cara a la puerta y reproducía una canción en repetición. Está protegido mediante contraseña y yo lo había apagado antes de salir. La canción era mi favorita de la infancia, “África” de Toto. Mi fondo de pantalla había sido cambiado por una foto de mi niñez que ni siquiera tenía guardada en el ordenador.

19:00 - Llamamos a la policía, la cual llegó quince minutos más tarde. Saqué alrededor de unas cinco fotos del desastre antes de que llegaran. Nos dijeron que abrirían una investigación, pero seguían sosteniendo que no era lo “suficientemente grave” como para tomar huellas y todo ese rollo.

20:30 - Se marcharon, no sin antes decirnos que les llamáramos si volvía a suceder algo. También nos recomendaron que nos quedáramos a dormir a casa de algún amigo si nos era posible.

Pasamos las siguientes horas hablando. Intentando averiguar de qué va todo esto. Estamos cansados, tanto mental como físicamente. Llamaré a mi madre por Skype mañana para ver si ella sabe algo. Mañana también intentaré escribiros la historia de mi novia, pero puede que la suba de madrugada si no la termino a tiempo. Incluiré las fotos que tomé, os lo prometo.

Joder, esto me está pasando de verdad.

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