sábado, 12 de agosto de 2017

"Mi padre casi muere por mí" - /r/LetsNotMeet

[HISTORIA ORIGINAL por /u/Justine772]

Esta historia me sucedió hace tres años cuando acababa de graduarme del instituto. Casi toda mi vida había vivido con mis abuelos, pero decidí mudarme a una ciudad distinta (y mucho más grande) para así vivir con mi padre por primera vez desde hacía doce años. Ya conocía la ciudad porque me pasaba los veranos con él, pero esa sería mi primera vez allí con la independencia propia de una adulta. Podía ir y venir cuando me placiera, conducir por donde quisiera y fumar cigarrillos cuando me apeteciera. Estaba entusiasmada, aunque un poco triste de tener que dejar a mis amigos atrás.

Tan pronto como me hube instalado, mi padre y mi madrastra se sentaron conmigo para discutir un par de normas y hacerme saber algunas cosas sobre el complejo de apartamentos. Cosas básicas como "puedes ir adonde quieras, pero dinos cuándo te vas y a qué hora volverás" (incluso si son las 2:00 de la mañana) o "tienes que aparcar en la calle porque el parking de dentro es limitado".

—Una cosa más: en el vecindario hay un perturbado.

Había un tipo, George, que era bien conocido tanto por todas las mujeres del complejo como por la policía que patrullaba la zona. Era alto y grande, con una pinta muy intimidante. Mis padres estaban seguros de que me dejaría tranquila por una simple razón: mi padre.

Aunque George tenía la mala costumbre de acechar a las mujeres del complejo, este encontraba una nueva víctima tan pronto como veía a un hombre aparecer en la casa. Un hermano, un amante o un padre. No importaba qué parentesco tenía con la mujer o qué aspecto tenía este. George de inmediato se retiraba. Puesto que yo vivía con mi padre, el cual es muy alto y bastante grande lo que viene a traducirse como "intimidante"—, confiaba en que no me pasaría nada

Y así fue. Durante un tiempo.

Todo comenzó 6 meses después de haberme mudado. Mi madrastra y mi padre se pelearon más y más a menudo, hasta el punto de que ella le dejó y se marchó. Una noche yo estaba sentada en el porche fumándome un cigarrillo y mirando Facebook. Desearía poder deciros que me sentí observada, pero probablemente solo alcé la mirada porque había una mosca molesta o algo por el estilo.

George estaba de pie a unos cinco metros de distancia detrás un árbol, observándome. Casi se me cae el cigarrillo. Temblorosa, me levanté y me metí dentro. Estaba sola en casa así que me aseguré de echar todos los cerrojos, tras lo que me fui a mi habitación a jugar a un videojuego. Me convencí de que tan solo eran paranoias mías.

A la mañana siguiente me levanté y me fui al porche a fumarme un cigarrillo y tomarme mi café. Minutos más tarde George surgió de su apartamento, con sus ojos fijos en mí. Apagué el cigarrillo y volví adentro.

Este patrón continuó durante un par de semanas más. Era como si George estuviese todo el día pegado a sus puertas deslizantes de cristal, a la espera de que yo saliese. Se lo conté a mi padre y el se aseguró de salir a sentarse conmigo cada vez que yo iba a fumarme un cigarro. Si él se venía conmigo George ni asomaba la cabeza.

Por supuesto, otras mujeres del complejo ya habían intentado llamar a la policía. Pero él vivía en el complejo y mirar no es un delito, así que no había mucho que ellos pudieran hacer. Yo no sabía como de lejos había llegado George con otras mujeres. Con esa información en mente supe que llamar a la policía no me serviría de nada.

Las cosas empezaron a escalar poco a poco. Cuando mi madrastra se fue yo pude comenzar a aparcar en el sitio que ella había dejado libre en el parking. Yo tenía como tres caminos disponibles para llegar dese mi coche hasta el piso dependiendo de donde hubiera aparcado ese día. Uno de ellos era pasando a menos de metro y medio de distancia de la puerta del apartamento de George. Puesto que la mayoría de las noches yo llegaba tarde del trabajo, evitaba ese camino tanto como me era posible. Lenta pero inexorablemente —ya se había memorizado mi rutina—, él siempre estaba en alguno de los caminos cuando yo llegaba a casa. No directamente en la acera, pero sí a unos pocos metros, sobre el césped. "Detrás" de un árbol.

¿Era como si se pensara que no podía verle? Imaginaos a un niño pequeño escondiéndose muy mal detrás un árbol. Podéis ver el 90% de su cuerpo y sabéis perfectamente donde está. Así es como él lo hacía. Yo me apresuraba a pasarle de largo, evitando el contacto visual y preparándome para gritar con todas mis fuerzas si era necesario. Comencé a colocarme las llaves entre los dedos para usarlas como arma. Me compré una navaja de bolsillo, la cual tenía siempre medio abierta cuando tenía que bajarme del coche, a pesar de que jamás en mi vida me había visto envuelta en una pelea.

Si mal no recuerdo fue durante estas fechas cuando mi madre intento buscarme clases gratuitas de defensa personal, ya que nuestro presupuesto era muy limitado. Mi padre estaba cada vez más y más cabreado con George, y la situación escalaba a medida que pasaban los días. Noviembre se convirtió en Mayo. Mi padre no estaba en casa, así que yo cerré la puerta de mi cuarto con pestillo y puse un cuchillo bajo mi almohada. Me pasaba las noches hablando por Skype con mi novio para que así alguien pudiese llamar al 911 por mí en caso de que fuese necesario. Hasta llené la ventana de mi habitación con macetas para que nadie pudiese entrar en ella sin formar un escándalo. Comencé a sentarme en el suelo del porche, pegada a la pared y alejada de la vista de todos, pero de tal manera que yo pudiese verlo si se me acercaba.

Pesadillas en las que era secuestrada, violada y asesinada comenzaron a invadirme cada noche.

Entonces un día mi vecina Shell se puso a contarme los cotilleos del vecindario:

—¿Te has enterado de lo de George?

—No.

—Anoche lo arrestaron.

En el parking del complejo hay una especie de... ¿caja de electricidad? muy grande. Llega más o menos hasta la cintura, y casi ocupa un metro de ancho. Alrededor de diez minutos antes de que llegara yo a casa —y aparcase justo frente a esta misma caja— una señora y su hijo que pasaban por allí vieron a George sentado sobre la misma, masturbándose.

¿Me estaría esperando? ¿Haciéndose una paja pensando en mi reacción cuando lo viera allí? Ugh, tan solo de pensarlo me entran náuseas, y también miedo, todo al mismo tiempo.

Estuve aliviada de todo estrés durante un par de días. Pero solo fueron eso, un par de días. Entonces él volvió y retornó a su misma rutina.

Una de esas noche se puso más bravucón. Eran aproximadamente las 19:00 cuando salí a fumarme un cigarrillo con mi padre. Un vecino se nos acercó para charlar con mi padre, y George salió de su piso y se quedó de pie allí mismo, escaneándome de arriba a abajo.

—Este tío quiere que le metan una paliza—masculló mi padre entre dientes.

Continuó charlando con el vecino. Yo puse los ojos en blanco, me metí en casa y me puse a jugar a un videojuego. Estaba absorta en el World of Warcraft cuando oí a Shell gritar "¡¿dónde estás?!"; pero yo estaba muy ocupada así que asumí que estaba hablando con otra persona.

Al menos eso fue lo que creí hasta que entró en mi habitación, en estado de pánico y con los ojos como platos. Ella se removía con nerviosismo de tal manera que parecía estar aguantándose el pis:

—¡ESTÁ SANGRANDO!

—¿Quién? —pregunté yo, desconcertada.

—¡¡TU PADRE!! ¡VEN, CORRE!

Suspiré como la buena adolescente que era y abandoné mi ordenador, muy posiblemente cabreando a mi grupo. Cogí nuestro botiquín de primeros auxilios lleno de tiritas. Pensaba que mi padre habría estado haciendo algo estúpido, como intentar hacer trucos con su navaja o algo por el estilo.

Pero cuando salí me percaté del verdadero alcance del horror. Un grupo de aproximadamente seis personas rodeaban a mi padre, incluyendo a Shell, y mi vecino Caleb presionaba una camiseta sobre el costado de mi padre. Este estaba de espaldas a mí y tenía la espalda entera cubierta de sangre. Parecía que se le había echado un oso encima. Os juro que eso fue lo primero que pensé; desconocía si había osos en aquella ciudad. A Caleb se le escurrió la camiseta de los dedos, y de mi padre surgió un chorro de sangre.

Tan solo de escribir esto me entran mareos. Nunca he sido la clase de persona a la que la gente acude en caso de emergencia. La sangre me marea, y tan solo perder un marca-páginas me causa un ataque de ansiedad. Pero todos los adultos (personas de 30-40 años, en contraste conmigo que solo tenía 18) estaban en estado de shock, a excepción de Caleb. En ese momento necesitaba ser la clase de persona a la que la gente acude. Arrojé mi botiquín al porche y mandé a Shell a que cogiera toallas de nuestra casa. Ella obedeció, echándose a correr.

—¿Habéis llamado al 911? —grité. Cinco pares de ojos se volvieron hacia mí como si jamás antes hubieran oído hablar del 911.

—¡No! —contestó mi padre— ¡No me puedo permitir una ambulancia!

—Cállate—le dije—. ¿Qué te ha pasado?

—¡Ese hijo de puta ME HA APUÑALADO!

Llamé al 911, les conté lo que había sucedido y les di nuestra dirección. La operadora nos instruyó que siguiéramos aplicando presión sobre la herida más profunda, situada en la parte baja de la espalda de mi padre. Mi padre estaba hecho todo un campeón. Aunque en la acera había un enorme charco de sangre —qué asco— él se mantuvo de pie hasta que a alguien se le ocurrió traernos una silla.

Yo corrí de una acera a otra, tanto para señalarle a la policía cual era la casa de George, como para hablar con los paramédicos. Estos últimos fueron increíblemente fríos conmigo y muy, muy lentos. Caminaban con una parsimonia que me entraban ganas de gritarles en la cara "¡¡CORRED!! ¡MI PADRE PODRÍA ESTAR DESANGRÁNDOSE Y A VOSOTROS OS LA SUDA!". (Más tarde alguien me dijo que si no corren es porque se les podría subir la adrenalina, haciéndolos más susceptibles a cometer errores).

Apartaron a Caleb hacia un lado porque este se negaba a dejar de presionar la herida de mi padre y tenían que meterlo ya en la ambulancia. Yo estaba a punto de saltar adentro cuando la policía me paró y me recordó que lo mejor sería que me quedase para darles mi versión de los hechos. Mi padre me gritó que llamara a su jefe, y yo repasé con los paramédicos todas las alergias de mi padre que pude recordar. Han pasado ya dos años y recuerdo todos estos detalles como si hubiera sucedido ayer...

Le conté mi versión a la policía. Luego me hicieron sentarme afuera del complejo, en la acera, durante unas 2-3 horas. Una vez hube llamado al jefe de mi padre, a mi jefe, y a mi madrastra, fue entonces cuando me permití desmoronarme. Lloré durante lo que se sintió como una eternidad. Uno de los policías fue lo suficientemente amable como para entrar a mi casa por mí y traerme agua y un paquete de cigarrillos. Se quedó conmigo todo el rato, supongo que para asegurarse de que no huyera ni nada por el estilo, pero lo cierto es que era muy simpático. Me ofreció sentarme dentro de su coche para no pasar frío.

George estaba esperando dentro de su piso cuando la policía entró. Cuando se lo llevaron a donde yo estaba (¡y había 14 coches de policía! ¡CATORCE!), tuvo la indecencia de seguir mirándome. Yo lo miré de vuelta, sintiendo un odio como jamás lo he sentido en toda mi vida. Quería ir hacia donde estaba él y matarlo. Mi poli-sitter se percató de que me estaba mirando y le apuntó con su linterna para cegarlo.

Una vez hubo terminado todo se me permitió volver a la casa, donde esperé actualizaciones sobre mi padre.

Durante los siguientes 9 días, mientras mi padre estaba ingresado en el hospital, fui capaz de recomponer la historia mediante testimonios de otros vecinos. Lo que pasó es que mi padre le dijo entre gritos a George que "dejara a su hija tranquila", y George le gritó de vuelta mientras yo me hallaba en la casa, completamente inconsciente de todo esto. George dijo algo así como "ven y dímelo a la cara si tienes huevos", así que mi padre obedeció, corriendo hasta su porche en dirección a él.

El muy perturbado le había estado esperando con un cuchillo de 30 cm. escondido tras la pierna. Le empujó con la mano libre y luego lo apuñaló por la espalda con la otra. No le dio en los riñones de milagro. La cuchilla se desprendió del mango, viajó hasta los pulmones y le dañó el diafragma. Al principio mi padre no se había dado cuenta de que lo habían apuñalado. Le hizo una llave a George y le empezó a dar puñetazos uno tras otro, pensando que el tío solo le había pegado un simple puñetazo en la zona de los riñones. George soltó el cuchillo, rodó por el césped y agarró otro cuchillo que tenía escondido para así poder seguir apuñalando a mi padre, esta vez en la parte alta de la espalda. Esta herida fue mucho más superficial pero aún así le hicieron falta puntos de sutura.

Llegados hasta este punto, Shell salió afuera y le gritó a mi padre que estaba sangrando. Él se quitó la camiseta cabreado y se la tiró a George. En ese momento el acosador del vecindario puso las manos arriba y se metió de vuelta en su apartamento.

El charco de sangre continuó en la calzada hasta el mediodía del día siguiente, cuando uno de mis vecinos tuvo la amabilidad de limpiarlo por mí. Todavía conservo fotos de la escena, al igual que de las heridas de mi padre. Mi padre pasó más tiempo en el hospital en condición crítica del que George pasó en la cárcel. Me siento tan culpable... He estado hablando de esto en terapia, pero aún así me siento fatal de que mi padre tuviese que librar mis batallas por mí.

El resto de la semana, mientras estaba en el porche o simplemente afuera de la casa, muchas vecinas se me acercaron. Todas me pidieron que le diera las gracias a mi padre por lo que había hecho. Todas ellas habían sido víctimas del terrorismo de George en un momento u otro, y por fin tenían la certeza de que se había marchado para siempre. Varias incluso me contaron que George las había esperado en sus puertas, bajándose los pantalones cuando llegaron y exigiéndoles sexo. No me creo que la policía "no pudiera hacer nada sobre el tema".

Uno de esos días uno de mis vecinos me contó que la policía (y el resto de vecinos) habían estado buscando por todo el complejo y habían hallado cuchillos que George tenía escondidos por todos lados: enterrados en jardines, clavados en árboles, debajo de su felpudo... Tiemblo tan solo de pensar en lo que podría haberle hecho a alguna de sus víctimas.

A George lo declararon culpable de agresión con arma letal, pero no se le culpó de intento de asesinato. Para cuando llegaron las Navidades él ya estaba en la calle por buen comportamiento, o vete tú a saber qué otra gilipollez, pero mi padre ya tiene una orden de alejamiento contra él de por vida. Él nunca ha vuelto a acercárseme, así que de veras espero que esté acojonado de mi padre.

Ojalá pudiera contaros que he tomado clases de defensa personal y que he aprendido a luchar como mi padre, pero soy una cobardica que no es capaz ni de dañar a una mosca... Mi padre ya está mucho mejor. Tuvo su tercera operación este martes, para reparar daños internos. Esperamos que esta sea la última, y que su calidad de vida mejore por completo. Le debo mi vida a mi padre. Si él no hubiera encarado a George tal vez yo hubiese sido la primera víctima que George habría apuñalado.

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