viernes, 11 de agosto de 2017

"Yo sobreviví a un tiroteo masivo en un cine" - /r/LetsNotMeet

[HISTORIA ORIGINAL por /u/NeonPikachu]

Esto que os voy a contar me sucedió hace cuatro años, y es de lejos la situación más extrema y letal que he vivido jamás. El testimonio que estáis a punto de leer es 100% verídico y personal.

Sucedió en Estados Unidos. Era el verano de 2012 y acababa de casarme con mi novio de hacía muchos años. Aunque éramos universitarios pordioseros y vivíamos en un piso diminuto, nos lo pasábamos muy bien juntos. Ese verano en particular quedamos casi cada fin de para ir al cine con nuestros amigos. Había uno justo al final de nuestra calle que tenía las entradas tiradas de precio. Una cita allí nos salía por menos de $10, lo cual nos lo podíamos permitir. En fin, era un Jueves por la noche cuando recibí una llamada de nuestro grupo de amigos invitándonos al estreno de medianoche de la nueva película de Batman. Acababa de terminar un turno de 12 horas y estaba bastante cansada. Casi denegué la invitación y estuve a punto de irme a casa a dormir. Sin embargo, no quise perderme la diversión, y esta era una peli que llevaba un tiempo esperando ver. No pasaba nada si me quedaba despierta hasta tarde por una sola noche, ¿verdad?

Quedamos en el cine a las 22:30. Pasamos junto a un cartón publicitario de Batman y Catwoman al tiempo que entrábamos, acogidos por el aroma a palomitas con mantequilla y el entusiasmado parloteo de otros cinéfilos. La taquilla estaba situada a la derecha de la entrada, y encima de la misma se hallaba una lista electrónica de todas las películas en cartelera. A las 00:00, en letras rojas y brillantes, estaba el estreno de "El Caballero Oscuro". Preocupado de que se fueran a acabar las entradas, uno de mis amigos se había pasado antes a comprarlas para todos. Pasamos la taquilla de largo y fuimos directos a entregar nuestras entradas. La chica nos sonrió amablemente y nos dirigió a la Sala 9, al lado derecho del vestíbulo.

Si tan solo hubiera sabido lo que sé ahora. Que entre la multitud había un asesino acechándonos. Que al tiempo que caminaba hacia la Sala 9 sobre la hortera moqueta roja y morada estaba aproximándome hacia mi posible muerte. Ahora que lo sé pienso en ello todo el tiempo, en lo que hubiera hecho si entonces lo hubiera sabido. Habría activado la alarma de incendios, llamado a la policía, alertado a los demás a gritos… Pero claro, no tenía manera de saberlo. Inconsciente del peligro al que me estaba sometiendo; empujé las puertas de la Sala 9 sin pensármelo dos veces.

El pasillo de la sala tenía forma de “U” y podías entrar tanto por la izquierda como por la derecha. La Sala 9 era la más grande de todas, perfecta para acomodar a las multitudes que atraían los estrenos de medianoche. La pantalla estaba inmóvil y gris; ni siquiera habían comenzado los tráilers porque todavía quedaba una hora y media para que empezase la película. Entramos por el lado derecho, de modo que todas las butacas se hallaban a nuestra izquierda. Recuerdo haberme sorprendido de lo lleno que estaba el cine. Para nuestro disgusto, casi todos los asientos estaban ocupados. Al principio pareció que no seríamos capaces de encontrar un espacio para sentarnos todos juntos. La sala estaba distribuida de tal forma que había una fila de butacas justo delante de la pantalla. Esta sección era llana, y tenía como cinco filas de asientos disponibles. La mayoría estaban vacíos, pero estar en primera fila es un rollo y ninguno queríamos sentarnos allí. Entonces uno de mis amigos nos señaló una fila de cinco butacas consecutivas vacías, perfecta para la cantidad de personas que éramos. Estas estaban a tres o cuatro filas de distancia de donde los asientos comenzaban a elevarse. Corrimos escaleras arriba para ocuparlas antes de que alguien nos las quitara. Mi marido Brock se sentó en la quinta butaca, y yo ocupé el asiento junto a él. Mi amiga Samantha se sentó a mi lado derecho, y su novio Tommy junto a ella. Por último, nuestro amigo Leo ocupó el asiento del extremo que daba al pasillo.

Nos pasamos los siguientes minutos charlando, bromeando y riéndonos. Después de un rato mis tres amigos fueron al vestíbulo a comprar unas bebidas y las adictivas palomitas que el cine ofrecía. Mientras no estaban, Brock y yo matamos el tiempo observando a la gente. Todavía no habían apagado las luces así que podíamos verlo todo con claridad. Había mucha gente vistiendo con camisetas y sudaderas de Batman. Una persona incluso llevaba una máscara y una de esas camisetas con capa. Había también muchos niños, lo cual no era sorprendente ya, que aunque era un Jueves por la noche, eran las vacaciones de verano por lo que no tenían que ir al cole al día siguiente. De todas las personas a las que vi hay una que nunca olvidaré: una niña pequeña que estaba sentada en nuestra misma fila, a unas butacas de distancia. Era monísima, rubia con los ojos azules, y pasó por delante de nosotros un par de veces para ir al vestíbulo, siempre volviendo con los brazos repletos de palomitas y chucherías. En general, todo el mundo parecía entusiasmado por ver la película, la sala estaba llena de alboroto y risas.

Tras lo que me pareció una eternidad, las luces finalmente redujeron su intensidad y comenzaron los tráilers. Al igual que con todas las películas que había visto antes, apareció una breve animación en la pantalla recordándonos que fuéramos al vestíbulo para comprar snacks (nosotros ya estábamos devorando nuestras palomitas cual perros hambrientos), que apagaramos nuestros teléfonos móviles; y también señalándonos cuales eran las salidas de emergencia. En la animación aparecía un gato con esmoquin hecho con un CGI muy cutre sentado en una de las butaca del cine. Le eché un vistazo casual a las señales de salida de emergencia iluminadas de verde y situadas a ambos lados de la pantalla. Como de costumbre, no pensé mucho en ello. Tras la animación lo único que recuerdo haber visto fue el tráiler de "Superman: Man of Steel", pero del resto no me acuerdo. Cuando comenzó la película la sala entera irrumpió en aplausos y vitoreos. El título de la peli, "El Caballero Oscuro", apareció sobre la pantalla. A esto le siguió la escena en la que Bane secuestra un avión. Pensé que era una escena muy chula y de inmediato acaparó toda mi atención. Tan pronto como la película se puso un pelín menos interesante, recordé lo cansada que estaba. Decidí cerrar los ojos en las partes más aburridas para descansar un poco. Llegados a este punto llevaba ya 20 horas seguidas sin dormir así que no era de extrañar que tuviese tanto sueño. Mis ojos se mantuvieron cerrados durante la mayor parte del encuentro entre Batman y Catwoman. No me acuerdo de lo que pasó en esa parte de la película (tal vez alguno de vosotros la haya visto y sepa a lo que me refiero). Sea como fuere, cuando volví a abrir los ojos Bruce Wayne estaba en su ordenador recabando información sobre Catwoman. Esta fue la última escena que vi. Nunca tuve la oportunidad de terminar la película.

De repente, un fuerte “BANG!” irrumpió del lado izquierdo de la sala. Me asusté y pegué un grito. Acto seguido un extraño aroma se propagó por todo el auditorio. Olía como a fuegos artificiales, por lo que asumí que se trataba de un petardo o algo similar. Tal vez alguien había lanzado un petardo a modo de broma. Entonces, al lado derecho de la pantalla, la silueta oscura de una persona llamó mi atención. Era una figura negra sobre la pantalla iluminada. De donde estaba esta persona surgió una ráfaga de luces centelleantes. Fue un instante muy extraño en el que el tiempo transcurrió muy despacio y no hubo más que un silencio apabullante en la sala. Me congelé por completo, incapaz de moverme ni de pensar con claridad. Era como si mi cerebro hubiera dejado de funcionar.

Brock enseguida se coscó de lo que estaba sucediendo y me agarró en sus brazos. Me tiró al suelo y se tumbó sobre mí, escudándome con su cuerpo. Llegados a este punto pude oír por fin los tiros dispersándose a través de la sala. La gente gritaba. De fondo sonaba todavía la película, creándose una explosiva combinación de ruidos. Supe entonces que los destellos que había visto eran en realidad balas volando del cañón de una pistola. La adrenalina empezó a bombear por mis venas, acaparando la totalidad de mi cuerpo. No había nada que pudiera hacer salvo quedarme tumbada allí y rezar para que ninguna de las balas que oía rasgando las butacas me alcanzara. Uno de los casquillos rozó mi cabeza, arrancándome un buen trozo de pelo. Cuando me llevé la mano a la herida para asegurarme de que no estuviera sangrando, el metal ardiente cayó sobre la misma, quemándome.

Estaba tumbada bocarriba así que podía ver todo lo que estaba sucediendo. Las luces de la película danzaban sobre el techo y las paredes. Mis amigos estaban en el suelo conmigo. Nuestras palomitas sin terminar se hallaban esparcidas por el suelo a nuestro alrededor. A Leo le sobresalían las piernas por el pasillo porque no tenía espacio suficiente para esconderse por completo bajo las butacas. La botella de agua de Samantha, que hasta este momento había estado en el posavasos de su butaca, explotó. Me salpicó agua por toda la cara. El hedor a pólvora era insoportable. El gas lacrimógeno me hizo llorar y me provocó una tos incontrolable. Había otro olor más, uno que jamás olvidaré. Se trataba del olor metálico característico de la sangre. Recuerdo sentir como la parte baja de mi cuerpo se humedecía. Por alguna razón pensé que se trataba de la botella de agua que estaba goteando, pero más pronto que tarde me percaté de que no era el caso.

De repente se hizo el silencio. Los tiros se habían detenido. Tommy nos gritó “¡VÁYAMONOS DE AQUÍ!”, y nosotros aprovechamos la oportunidad para salir por patas. Corrimos escaleras abajo en dirección a la pantalla, junto a la que estaba señalizada con letras verdes y brillantes la salida de emergencia. Nos apretujamos dentro de una pequeña habitación del tamaño de un armario de escobas. Estaba tan oscuro que nos costó encontrar la puerta. Nosotros chillábamos y golpeábamos las paredes en busca de una salida, cegados por el gas lacrimógeno y atontados por el shock. Finalmente, conseguí palpar lo que parecía ser el mango metálico de una puerta, y empujé con todas mis fuerzas. La puerta se abrió y la luz de una farola próxima inundó nuestros ojos. Nos echamos hacia fuera con tantas fuerzas que caímos todos sobre el pavimento. Samantha perdió sus chanclas rosas allí mismo.

Al tiempo que me levantaba para correr por mi vida me percaté de que mis piernas estaban rojas y completamente empapadas. Era como si hubiera metido las piernas en una bañera llena de sangre. Eché un rápido vistazo a mi cuerpo y me di cuenta de que no estaba herida. ¿De dónde había salido toda esa sangre? Miré tras de mí y lo vi: la sangre era de mi marido. Le habían disparado en la pierna. En la parte baja de la pantorrilla derecha de Brock había un enorme agujero de bala. Su pie sin vida colgaba de un hilo de carne. Leo y un muchacho que no reconocí lo llevaban a cuestas porque, tras la caída, había perdido todas sus fuerzas y era incapaz de mantenerse en pie. Yo estaba en un estado de shock absoluto. No tenía ni idea de que le habían herido, especialmente porque él había estado detrás de mí todo el tiempo y había sido capaz de huir corriendo del cine sin asistencia ninguna. Jamás podré entender cómo fue capaz de hacerlo con un solo pie.

Llegados a este punto yo grité. Mi grito fue tan alto que alertó a unos obreros que estaban cerca de nosotros. En la parte trasera del cine había un parking estrecho, seguido de un camino de césped y una acera más allá. Los albañiles estaban haciendo reparaciones en aquella misma acera pero, tan pronto como me oyeron gritar y nos vieron corriendo, cesaron de trabajar para ver qué era lo que sucedía. No sé porque este recuerdo está tan vívido en mi memoria. Sea como fuere, ayudaron a llevar a Brock al final de la acera, hasta la esquina del edificio donde estaba el cine. Era una gran distancia, varias docenas de metros. Llegados allí mi marido se colapsó, víctima del agotamiento y del dolor, alegando que ya no podía más. Se tumbó y un charco de sangre comenzó a formarse debajo de él. Miré atrás y me di cuenta de que habíamos dejado un rastro de sangre desde la puerta hasta donde estábamos.

Yo estaba temblando. Me acuclillé junto a Brock y miré en derredor para comprobar si alguien más estaba herido. A Tommy, que seguía todavía en el parking unos metros más atrás, le habían disparado en la rodilla y en la cadera. El adolescente que ayudó a mi marido también estaba herido. Sus padres estaban con él; su madre se hallaba sentada contra un muro con pinta de estar a punto de desmayarse. Traía varias heridas que sangraban. Aquella familia había conseguido escapar al mismo tiempo que nosotros. Supuse que habían oído cómo se detenían las balas y habían decidido aprovechar el momento, igual que nosotros. Todos nosotros tuvimos suerte, porque el tiroteo continuaba allí adentro.

Tuve que quitarme la camiseta y usarla para parar la hemorragia de Brock. Jamás olvidaré lo flácida y sin vida que se sintió su pierna en aquel momento. Me imaginé que esa sería la misma sensación que tiene uno al tocar un cadáver. Mis manos y brazos se mancharon por completo de sangre. La policía llegó muy rápido. Yo diría que llevábamos uno o dos minutos afuera cuando las sirenas rojas y azules iluminaron la oscuridad de la noche (estábamos literalmente a una manzana de distancia de la comisaría). Una mujer policía se quedó con nosotros hasta que llegaron los paramédicos, los cuales sí que tardaron mucho más.

Brock fue el último al que se llevaron al hospital. Llevaba aproximadamente veinte minutos desangrándose cuando una ambulancia se detuvo finalmente a nuestro lado. Él estaba casi completamente ido y al borde de la inconsciencia. Varios hombres muy grandes se aproximaron a nosotros con una camilla, lo cargaron sobre ella y le metieron dentro de la ambulancia. No me permitieron irme con él porque había otro herido dentro y no cabíamos todos. Deambulé por la entrada del cine, completamente sola y sin saber dónde se habían metido mis amigos. En la esquina tan solo quedaban mi camiseta empapada y un charco de sangre.

Caminar entre el gentío se sintió como estar dentro de un sueño. No me podía creer lo que acaba de pasar. La gente estaba llorando histérica, la mayoría cubiertos de sangre. Y, como yo, estaba segura de que a muchos no les pertenecía esa sangre. Muchos se percataron de lo sola y confusa que yo estaba, por lo que me hicieron compañía e incluso se ofrecieron a llevarme en coche a distintos hospitales en busca de Brock, ya que no me habían dicho a cual se lo habían llevado. Me quedé con estas personas durante un rato mientras la policía registraba la zona y nos interrogaba sobre lo sucedido en el cine. Habían puesto un cordón policial alrededor del parking y no se nos permitía irnos. Eran las 02:00 así que todavía estaba oscuro (y yo tenía mucho frío porque solo llevaba puestos unos pantalones cortos y una camiseta interior). Las luces parpadeantes rojas y azules de lo que me parecieron cientos de coches de policía eran cegadoras. Recuerdo ver un coche de policía enorme aparcar allí mismo, sobre el se leía algo así como “Unidad Policial de Investigación de Escenas del Crimen”. Creo que fue en ese momento en el que la realización me golpeó como una bofetada. Me entraron náuseas y quise vomitar, pero de algún modo conseguí mantener la compostura.

Eventualmente la policía nos permitió irnos. Entré en mi camioneta y me fui de allí sin pensarlo. Estaba en tal estado de pánico que no se me ocurrió pasar por mi apartamento, coger mi teléfono móvil (el cual se me había olvidado) y llamar a mis padres, o a cualquier otra persona, para que me ayudasen. Estaba cabreada, triste, asustada y, sobretodo, en shock. ¿En serio iba a perder a Brock a solo un mes de nuestro primer aniversario de bodas por culpa de un psicópata armado? Afortunadamente, conseguí encontrar el hospital donde estaba ingresado antes de que amaneciese. Estaba en la ciudad colindante, a unos 45 minutos de distancia en coche. Estaba tan feliz de haberlo encontrado, y el personal del hospital fue súper amable y comprensivo conmigo. Tras asegurarse de que no estaba herida, me dejaron entrar en la sala de cuidados intensivos donde alojarían a Brock una vez terminase su cirugía. Estaba tan aliviada de que siguiera vivo... Tanto Brock como Tommy sobrevivieron, pero no todos corrieron la misma suerte.

Al día siguiente (tras una siestecita más que necesaria en el sofá del hospital) descubrí que 12 personas habían muerto en el tiroteo y que más de 70 estaban heridas. La niña pequeña rubia que había estado sentada en mi fila no había sobrevivido. Murió allí mismo en el cine, a unos pocos metros de nosotros. Había recibido múltiples disparos. A un policía se le rompió el corazón y echó a llorar en el juicio mientras daba su testimonio. Él había intentado salvarla cogiéndola en brazos para llevársela al hospital, pero ya era demasiado tarde. A Tommy se lo llevaron al hospital en la parte trasera de un coche policial, donde le practicaron cirugía y consiguió recuperarse por completo. Por poco la bala no le había dado ni en el hueso de la cadera ni en el tracto urinario. Según los cirujanos, mi marido había perdido casi la mitad de toda su sangre. Brock había llegado al hospital justo a tiempo, si hubieran pasado unos minutos más aseguran que no habría sobrevivido. Tuvieron que hacerle varias transfusiones de sangre y estuvo ingresado durante 21 días. La herida de la pierna era tan severa que tuvieron que amputársela tras varios intentos de salvarla sin éxito.

Ha pasado tanto tiempo del tiroteo que mi marido, mis amigos y yo hemos sido más o menos capaces de superarlo. El suceso fue horrible y nos ha dejado marca de por vida, de eso no nos queda duda. Sin embargo, no considero que esta sea la parte más escalofriante de la historia. No, lo más escalofriante es el mismísimo asesino. Más adelante supe muchas cosas sobre él debido al juicio por asesinato que se celebraría en los años siguientes. Aunque mi encuentro con este individuo fue muy breve, él ha afectado mi vida de manera muy negativa. Tan solo el saber que personas como él existen en este mundo me perturba. Es sin dudas un individuo extremadamente retorcido que no quiero volver a ver en mi vida.

Todo lo que sé sobre él lo aprendí viendo el juicio televisado que tuvo lugar a principios del 2015. Este tipo iba a entrar en la Universidad de California para estudiar neurociencia o algo por el estilo. Supongo que era un tío listo. Sin embargo, por alguna razón tenía una obsesión con acechar y matar a otras personas. Tras dejar la universidad, se mudó a mi estado y escogió mi cine local para cometer su tiroteo en masa. Antes de eso había planeado ir a esconderse al monte para sorprender a otras víctimas, echárseles encima y matarlas en el bosque. Sin embargo, nunca lo hizo. Acechó nuestro cine durante meses y planeó cometer el tiroteo la noche del 20 de Julio. Aunque no recuerdo haberlo visto antes, es como poco desconcertante saber que este tipo podría haber estado observándonos cada vez que íbamos al cine. Mientras tanto nosotros no teníamos ni idea de lo que tenía planeado para nosotros. Este hecho ha arruinado por completo mi sentido de la seguridad, porque ahora sé que no hay manera de conocer las intenciones del desconocido que tienes junto a ti.

Nunca vi el rostro del perpetrador del tiroteo en persona hasta que tuve que testificar en el juicio. Por supuesto que ya había visto su foto policial, pero en el cine solo vi una silueta oscura entre las sombras, como una figura demoníaca que plagaba mis pesadillas. Cuando corrimos por el pasillo hasta la salida de emergencia pasamos junto a él. Lo único que le detuvo de matarnos fue que su rifle de asalto se había encasquillado. Para cometer el crimen había comprado varios cientos de rondas de munición, un equipo antidisturbios, gas lacrimógeno, un rifle de asalto y una pistola. Se había hecho fotos de sí mismo sonriendo, las cuales mostraron en el juicio, en las que llevaba toda la equipación puesta y portaba las armas como si de un trofeo se tratasen. Se había teñido el pelo de naranja y llevaba puestas unas lentillas negras al tiempo que hacía caras esperpénticas para la cámara. Solo verlas me ponía enferma. Antes de irse al cine con todo su equipo en el coche, había montado una trampa en su apartamento para que explotara si alguien abría la puerta. Una vez en el cine, fingió ser un cinéfilo más y compró una entrada para la película. Creo recordar que su entrada era en realidad para la Sala 8, que estaba al lado de la nuestra, pero la Sala 9 tenía más gente así que se decidió por esa. Se sentó en una de las butacas de las primeras filas. Debía de haber pasado junto a él varias veces cuando estábamos buscando asiento. Quizás él también me vio. En un momento de la película, se levantó y se dirigió a la salida de uno de los costados (la cual por alguna razón no tenía la cerradura echada), mantuvo la puerta abierta con algo y se fue a su coche para coger su armadura y todas sus armas. Entonces volvió a la sala y comenzó a disparar. Cuando conseguimos escapar, pasamos de largo su coche blanco, el cual estaba justo al lado de la salida. Ni nos fijamos en él. En un momento él salió afuera también, y habría sido capaz de vernos sentados sobre el pavimento. No sé qué le detuvo de seguir pegándonos tiros a los que estábamos afuera, pero hubiera sido perfectamente capaz de habernos matado allí mismo si así lo hubiera querido.

Creo que lo más difícil de todo fue enfrentarme a este retorcido individuo en el juzgado. Jamás olvidaré levantarme cuando llamaron mi nombre, como caminé por el amplio pasillo pasando de largo a familiares, a otros supervivientes, y a las jaurías hambrientas de medios de comunicación. Tomé asiento frente a él, tan solo a unos tres metros de distancia. Aunque su cabello ya no era naranja y no llevaba puestas sus lentillas negras, estar tan cerca de él era escalofriántemente incómodo. Ahora puedo decir que me he enfrentado cara a cara con un verdadero pirado psicópata. Él tenía la mirada perdida en todo momento. Si los ojos son de veras el espejo del alma, entonces su alma estaba llena de una indiferencia vacía hacia todos aquellos a los que había dañado y asesinado. Esa fue la segunda y última vez que estuve en la misma sala que este hombre desde el tiroteo, al menos siendo yo consciente de ello. Un hombre que había intentado quitarme la vida, pero que afortunadamente había fallado. Un hombre que se pasaría el resto de su vida tras las rejas después de ser condenado a 3.318 años en prisión por sus crímenes.

Este hombre trató de asesinarme. Este hombre me ha causado incontables pesadillas y ha alimentado mi paranoia. Este hombre ha herido a mis amigos y a mi familia, y ha causado un dolor eterno en mi marido, el cual jamás volverá a ser capaz de caminar con normalidad. Este hombre robó la inocencia y la alegría de una niña de 6 años que entró viva en el cine y salió muerta de él. Al hombre que cometió el peor tiroteo masivo en toda la historia de Colorado, espero no volver a verte nunca. Jamás. Espero que te pudras en prisión.

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